Trastornos alimentarios: anorexia, bulimia, insatisfacción de la imagen corporal

 

 

Los Trastornos de la conducta alimentaria, anorexia y bulimia son reconocidos como trastornos mentales en el DSM, el DSM es un sistema de clasificación descriptivo de los síntomas de las llamadas enfermedades mentales o trastornos mentales. A pesar de ser exclusivamente una forma de poner orden bibliotecario tiene sus efectos tanto en los profesionales como en la población clínica como la población en general.

 

De forma que si se recogen “x” síntomas para el diagnóstico de la anorexia, esto ha traspasado los límites meramente descriptivos para entenderse como causales. Tanto es así que se supone que “x” síntomas son la consecuencia de la anorexia y la anorexia es la causa de esos síntomas. Esto sería como decir que tenemos obsesiones porque somos obsesivos y somos obsesivos porque tenemos obsesiones.

 

Otro problema añadido es que el diagnóstico basado en el DSM no involucra ningún tratamiento específico como ocurre en el diagnóstico de las enfermedades del organismo, por tanto en si mismo es inútil. Por último y de gran importancia es que el diagnóstico puede obstaculizar el tratamiento en cuanto que la etiqueta de enfermedad mental es inmovilizante .

 

Sería mejor una propuesta funcional. Los comportamientos observables como restricciones, purgas y atracones pueden responder a estados emocionales. La restricción es una forma de gestión de los pensamientos, sentimientos y percepciones sobre el cuerpo, los atracones parecen estar más en función de emociones extremas que del hambre, las conductas compensatorias tiene la función de controlar la ganancia de peso tras el atracón real o subjetivo. Las intervenciones educativas a cerca de las consecuencias de las purgas en cuanto a su ineficacia en lo que pretenden no dan los resultados esperados, parece que el efecto potente a corto plazo de las consecuencias compensatorias compite con mensajes tibios de su ineficacia a medio y largo plazo. La alteración de la imagen corporal está en función de un constante chequeo y gestión de la apariencia con consecuencias reforzantes para la coherencia.

 

Otras conductas como intensas emociones y pensamientos desagradables en relación a si mismos conducen a un repertorio amplio de conductas de evitación; la tristeza, la irritación, la ansiedad están a la cabeza; así explosiones ira, retraimiento, autolesiones podrían dar  función de refuerzo a estas situaciones sociales en las que operan; las obsesiones con la seguridad, la pureza, la limpieza, o la deseabilidad social, sin ser en si mismas problemáticas, si son las formas de hacer frente a esto lo que interfiere con el funcionamiento de su vida. Los trastornos de la conducta alimentaria son una forma de evitación del sufrimiento asociada a un patrón general de evitación.

 

Los ideales de delgadez son compartidos por muchos en nuestra cultura sin embargo esas creencias son rígidas para estos pacientes enredándose en preocupaciones y rumias evaluativas e improductivas, sobre cómo estaban en el pasado o estarán en el futuro, sobre lo que puedan o no pensar sobre ellos otras personas, en definitiva sobre aspectos que están fuera de su control

 

Por tanto las preguntas serían, ¿qué tipo de contextos hacen emerger y desarrollar esos patrones?

 

Probablemente las diferentes personas que lean esto lo harán con diferentes funciones, podría ser que conozcan a alguien que sufre de estos problemas o que incluso ellos lo hayan sufrido, o que la necesidad de aprender más sobre este tema esté gobernando, o que su curiosidad sobre las cosas les haya llevado hasta aquí; dos personas pueden mostrar un comportamiento que se ve igual, pero que sirve a una función diferente en sus vidas. Dicho esto, la mayoría de nuestras historias de aprendizaje se superponen lo suficiente para que podamos decir cosas generales sobre los contextos que tienden a contribuir a los Trastornos de la alimentación (anorexia y bulimia) y el comportamiento relacionado. Sin embargo, los clínicos debemos realizar este análisis por separado para cada individuo: ¿De qué tipo de contexto surgió este repertorio de comidas en particular? ¿Qué tipo de experiencias podría haber tenido esta persona para llevarla a este comportamiento? ¿Qué tipo de cosas necesita cambiar en la vida un cliente para que emerja una nueva conducta?

 

Desde una perspectiva ACT, la inflexibilidad psicológica implica el predominio del control aversivo a expensas del control apetitivo. Los trastornos de alimentación y los comportamientos relacionados se caracterizan por un control aversivo. Un individuo aprende a responder sobre sí mismo y sobre su cuerpo de tal manera que su cuerpo viene a funcionar como un aversivo. La experiencia del “sí mismo” se estrecha gradualmente hasta que está casi totalmente limitada a su cuerpo. Su sentido de “sí mismo” en términos de sus cualidades, sus papeles, sus relaciones y sus sueños se desvanece lentamente a medida que la auto-observación del cuerpo aumenta en importancia. La experiencia de su cuerpo se limita a aquellas percepciones que están relacionados con el mantenimiento de una apariencia física particular. La experiencia del cuerpo se reduce a las sensaciones de hambre o plenitud.  Sus ideas de lo bueno se centran cada vez más en la belleza, y sus ideas de lo bello se centran cada vez más en el peso y la forma. La vida de este individuo se estrecha a medida que sus pensamientos, sentimientos y atención se vuelven cada vez más enfocados en el cuerpo, y su comportamiento se organiza cada vez más en torno al control de su imagen corporal. Cambiar su apariencia, evitar verse a sí misma, hacer dieta, hacer ejercicio, restringir sus interacciones sociales, y así sucesivamente se convierten en actividades mucho más críticas que su trabajo o educación, sus relaciones o sus pasatiempos. En algunos casos, incluso el trabajo que hace en otros dominios puede llegar a tener una función de evitación, lo que permite un cierto alivio de la lucha con el cuerpo o alguna forma de mantener el enfoque de otros fuera de su cuerpo. Del mismo modo, este individuo aprende acerca de la comida y la alimentación de tal manera que sus funciones son mucho más complicadas que una necesidad biológica. En su mayor parte, la comida, en general, se convierte en un aversivo, y comer, bajo control aversivo. Los alimentos particulares se convierten en "peligrosos" y otros "seguros". Incluso los alimentos seguros no son apetitivos, ya que sólo son seguros en cantidades particulares, e incluso pueden ser peligrosos cuando parecían seguros. Comer y otras interacciones con los alimentos vienen a ser organizados casi exclusivamente en torno a la evitación.

 

Desde una perspectiva conductual contextual, es probable que los Trastornos de Alimentación (Anorexia y Bulimia) surjan de un contexto en el que las funciones de ciertas experiencias psicológicas se establezcan como aversivas y la aceptación social se establezca como contingente en las experiencias psicológicas apetitivas. El dolor psicológico no es sólo dolor. Viene con el dolor de estar en el dolor. Aunque esto es común a todos los individuos en la cultura occidental, toca a algunos individuos de manera diferente. Algunas personas tienen más dolor que otras. Hay más eventos aversivos en su mundo, en su contexto fuera de la piel, dentro de la piel, o ambos. Algunos individuos han sido expuestos principalmente a contextos en los que el refuerzo social era una prima. No han tenido la oportunidad de aprender maneras diferentes de buscar la aceptación de otra forma que no fuera a través de la apariencia. Algunas personas han sido empujados a costes extremos asociados a sentir dolor. Para aquellos con trauma en sus historias, particularmente el trauma repetido, el dolor no es meramente indeseado y anormal, es mortal. Por último, algunos nunca han estado expuestos a contextos en los que el dolor pudiera traer algo de valor. Para ellos, si algo es doloroso, toda posibilidad de algo bueno se pierde.

 

Uno de los desafíos del trabajo clínico con los Trastornos de Alimentación (Anorexia y Bulimia) desde esta perspectiva es considerar cómo este individuo los aprendió. Escuchar realmente la historia del cliente, obtener incluso un vistazo del contexto del que emergió su trastorno de alimentación, puede crear un contexto para que el terapeuta vea y aprecie a una persona entera que surgió de un contexto roto. 

 

La Meta de ACT (Terapia de Aceptación y Compromiso) para Trastornos de la Alimentación es la Flexibilidad Psicológica. ACT define la flexibilidad psicológica como el contacto activo y abierto a las experiencias en curso en el momento presente como un ser humano plenamente consciente, sin defensa y sin lucha. 

 

Sandoz, Emily K.; Wilson, Kelly G.; DuFrene, Troy. Acceptance and Commitment Therapy for Eating Disorders: A Process-Focused Guide to Treating Anorexia and Bulimia.

 

Para más información: http://icomportamiento.com/blog/trastornos-de-alimentacion-origen-tratamiento.html

 

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