Trastornos de la conducta alimentaria. Psicólogos Salamanca

 

Lunes 24 de Agosto de 2015

 

 

Trastornos de la conducta alimentaria. Psicólogos Salamanca

 

Los asuntos a desarrollar son, en primer lugar, el contexto cultural envolvente de los trastornos de la conducta alimentaria. En segundo lugar, las condiciones que explican su intrusión, expansión y complejidad. Nos referimos a condiciones culturales, sociales, familiares e individuales, obviando la dificultad de hablar de unas sin hablar de las otras.  Y en tercer lugar, algunas cuestiones sobre prevención y tratamiento.

 

 

Los trastornos del Comportamiento Alimentario han generado el mayor volumen de publicaciones desde cualquier medio de difusión, tratando su patología clínica, sus causas y sus riesgos, alarmando de sus consecuencias, o abordando estrategias preventivas más o menos acertadas. Probablemente será el único trastorno psicológico que goce de tanta popularidad junto con el fenómeno de las drogas. Sería de interés saber el por quénde tanto interés. (Marino Pérez Álvarez)

 

A nuestra manera de ver, las referencias que se encuentran a cerca de las conductas consideradas como patologías psiquiátricas en general y anorexia y bulimia en particular- son el resultado de criterios ideológicos, políticos, económicos, morales y, como no, también de criterios de tipo médico, si se prefiere,  de criterios técnicos.  (Mariana Segura)

 

Permítase decir,  que cuando hablemos de trastornos de conducta, en cualquier caso, y ahora en el caso de los trastornos del comportamiento alimentario nos referiremos a los conflictos que resultan del intento desesperado de acomodación de los individuos a sus circunstancias, su cultura y su sociedad;  lejos de consideraciones relativas a enfermedades mentales, conflictos intra-psíquicos, traumas, metáforas y supersticiones; nada más y no por ello nada menos.

 

Como todos saben, hablar de Anorexia y Bulimia  obliga a decir algo sobre alimentación e imagen corporal. En una sociedad cuyo principal problema de nutrición es la obesidad, se olvida fácilmente que puede ser para el organismo humano la falta de comida y de bebida.

 

En todas las sociedades se castiga tanto como se premia diferentes patrones de ingesta. De esta manera nuestros comportamientos relacionados con el cómo, cuanto y cuando comemos están regulados socialmente. Comer no es sólo nutrirse, comer implica muchos y variados significados sociales, tales como: iniciar y mantener relaciones, expresar la individualidad, hacer frente al estrés, estatus social, poder político y económico, entre otros.

 

La alimentación y el ayuno han sufrido a lo largo de la historia diferentes formas de expresión con el objetivo de perpetuar el control social.  Joseph Toro, en su libro el cuerpo como delito escribe: No cabe duda que los ayunos y abstinencias en nombre de dios pueden ya cobijarse en la categoría de piezas de museo antropológico. La sociedad ha dejado de padecer hambre y los TCA se extienden como una mancha de aceite. Actualmente, en el estado de bienestar, ayuno y abstinencia se practican no,  en función de alcanzar la pureza moral,  sino-  en función de la belleza corporal, requisito indispensable para la aceptación social y la autoestima, así, el anhelo de delgadez está galvanizando nuestra sociedad CONDITTIO sine qua NON para la felicidad. Josep Toro

 

El desarrollo de la imagen corporal viene determinado por la constitución física y por cómo esta afecta al contacto con el mundo. Sin embargo, es la primera vez en la historia de la humanidad  que la extrema delgadez  ha encontrado fieles seguidores. Meta que no corresponde con el desarrollo idóneo, espontáneo y natural de los cuerpos.

 

Es a finales del SXIX. Donde aparecen los preparativos de la cultura de la delgadez  con la expansión del modelo victoriano de familia, en especial el modelo de mujer, mujer doméstica y domesticada, valorada por su servicio a la procreación y la dedicación a los hijos, frágil, desprovista de curvas, o en firme disimulo de su sexualidad, virtuosa por su prudencia, sumisión y negación del placer.

 

Pero es en el siglo XX cuando el anhelo por la delgadez triunfa, de hecho la 1ª y 2ª guerra mundial auspician prácticas culturales, entonces originales, ahora comúnmente aceptadas, fenómenos como los bañistas, los bikinis, los concursos de belleza, los deportes para las mujeres, el cine, el baile,...reveladores de la incipiente cultura del bienestar narcisista. Parece que el progresivo exhibicionismo del cuerpo contribuye al inicio de este fenómeno. La impregnación social a cargo potentes medios de comunicación intensificó el culto individualista del presente y la ubicación del cuerpo como centro privilegiado de autoestima y valoración social.

 

El consumidor medio pretende continuamente alcanzar la felicidad reproduciendo el estilo de vida de los triunfadores. Somos voraces consumidores de cuerpos delgados en aras de la autoestima. Joseph Toro (1996).

 

Somos un equipo de psicólogos en Salamanca con amplia experiencia en Trastornos de la Alimentación

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