Proacción

 

Jueves 7 de Junio de 2018

 

 

Proacción

 

Proacción

 

En un sentido, de la proacción puede decirse, por supuesto, que es el objetivo de toda terapia, en cuanto a que el cliente recibe ayuda que incrementa la probabilidad de que adoptará un comportamiento nuevo, diferente, en situaciones que encuentra críticas e importantes. Un modelo terapéutico que refina esta verdad general es la activación conductista como tratamiento para la depresión (Dimidjian, Martell, Herman-Dunn, & Hubley, 2014; Martell et al., 2001), el eje de la cual es el registro meticuloso de estrategias conductistas. El cliente es entrenado para que observe qué hace en distintas situaciones relevantes, y las correlaciones que existen entre estas acciones concretas y sus síntomas (principalmente el humor del cliente en el tratamiento de la depresión). Con este análisis como punto de partida, la terapeuta y el cliente buscan estrategias alternativas para que el cliente pruebe. Este enfoque es una variante clínica de eso a lo que el análisis conductista se refiere como análisis funcional (ver capítulo 3).

 

Pero incluso si la activación conductista como modelo dice algo importante e inequívoco de esto, el mismo principio de influenciar conductas concretas es una parte integral de la mayoría de las terapias basadas en la evidencia. En la terapia interpersonal, por ejemplo, la terapeuta usa roleplaying para practicar estrategias interpersonales y anima activamente al cliente para que incremente y cambie su actividad social. En DBT, el entrenamiento en habilidades concreto es un ingrediente importante del tratamiento (Linehan, 1993; Neacsiu & Linehan, 2014). La terapia cognitiva casi siempre incluye un foco en la acción concreta y experimenta en forma de tareas para casa, incluso si la lógica teórica difiere de la activación conductista (Clark, Ehlers, Hackmann, McManus, Fennell, Grey, et al., 2006; Young et al., 2014). Incluso un modelo de tratamiento como la terapia cognitiva de mindfulness (Segal et al., 2001), que está centrada principalmente en cómo nos vinculamos con nuestros pensamientos, contiene un elemento marcado de acción concreta, ya que una parte importante de la terapia son los ejercicios concretos del cliente. En ACT, la terapeuta trabaja continuamente en identificar e incrementar la probabilidad de que el cliente haga cambios conductuales concretos en línea con aquello a lo que asigna valor (Hayes, Strosahl, & Wilson, 2012).

 

 

Traducción del capítulo de Tõrneke: 

Parte Dos: Las Metáforas como Herramientas Terapéuticas

 

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