Entrenamiento en Flexibilidad psicológica

 

Jueves 21 de Junio de 2018

 

 

Entrenamiento en Flexibilidad psicológica

 

Entrenamiento en Flexibilidad Psicológica

 

Los siguientes tres principios son presentados como estrategias esenciales para el terapeuta que desea ayudar a su cliente a que mejore su flexibilidad psicológica, como se ha descrito en la sección previa. No es necesario que se apliquen en ningún orden particular, pero se deben considerar más como características paralelas del proceso terapéutico; y aunque se solapan parcialmente, más que ser distintas, son sin embargo presentadas separadamente para que puedan ser usadas para guiar el trabajo clínico, incluyendo el uso de metáforas.

 

  • Ayudar al cliente a discernir la relación entre lo que hace y las consecuencias problemáticas que experimente.
  • Ayudar al cliente a discernir sus propios pensamientos, emociones, y sensaciones físicas, estableciendo una distancia observacional respecto a donde emergen.
  • Ayudar al cliente a usar esta habilidad para clarificar qué es importante en su vida y qué pueden ser pasos concretos en esa dirección.

Déjame ahora hacer una breve explicación de cada uno de estos principios, y mostrar cómo apoyan las diferentes áreas amplias que he descrito en este capítulo. Como las metáforas se pueden usar como un componente clave de hacer precisamente esto, será el tema del resto de este libro.

 

Ayudar al cliente a discernir la relación entre lo que hacer y las consecuencias problemáticas que experimenta

 

Si el aspecto clave de la flexibilidad psicológica es como interactúas con tu propio comportamiento, entonces reconocer tu propio comportamiento y cómo se relaciona con otros eventos es crucial. Por citar una aseveración, ahora anticuada, de Skinner, “Una persona que se ha hecho consciente de sí misma por las preguntas que se le han hecho está en una mejor posición para predecir y controlar su propia conducta” (Skinner, 1974, p. 35). Hacer preguntas a este efecto es un punto de partida de la terapia, y una base sobre la cual se edifican los dos principios siguientes.

 

En el análisis clínico de comportamiento esta estrategia terapéutica es normalmente denominada como análisis funcional o ABC (antecedente-behavior-consecuencia) análisis (Ramnerö & Torneke, 2008). Por medio de ejemplos repetidos de situaciones que el cliente considera perturbadoras o inquietantes, la terapeuta y el cliente identifican juntos factores de antecedente (A) del comportamiento (behavior) del cliente (B) y las consecuencias resultantes (C) con el fin de ayudar al cliente a desarrollar eventualmente estrategias alternativas. A medida que van progresando las cosas, este enfoque terapéutico necesariamente constituye trabajo con motivación y psicoeducación: motivación, ya que una experiencia clara de las consecuencias de nuestro comportamiento afecta a nuestra inclinación a hacer una cosa o la otra; psicoeducación, ya que una revisión cuidadosa de estas conexiones mejora la facultad del cliente para aprender respecto a los problemas con los cuales está luchando, y le da a la terapeuta una variedad de medios por los cuales puede ilustrar para el cliente cómo operan los procesos centrales.

 

Este enfoque también constituye muy probablemente trabajo con el pensamiento, exposición, y proceso emocional. Modos de pensar que son centrales para el cliente y diferentes tipos de estados emocionales a menudo constan de componentes importantes de lo que en un análisis funcional se llaman antecedentes; en otras palabras, es en la presencia de ciertos pensamientos y sensaciones que ocurren las estrategias conductuales problemáticas. La terapeuta, por lo tanto, dirige la atención a estos fenómenos en estos análisis y examina las estrategias de su cliente. Ya que las estrategias problemáticas normalmente se componen de intentos de evitar reacciones emocionales desencadenadas automáticamente, el mismo enfoque que un análisis funcional entrena sobre estos fenómenos puede servir como exposición a ellos, y un procesamiento emocional de ellos.

 

También se puede hacer un análisis funcional de las estrategias alternativas con las cuales el cliente experimenta como parte del trabajo terapéutico. La proacción es, por lo tanto, incentivada, ya sea implícita o explícitamente.

 

La relación cliente-terapeuta es también un posible foco para este enfoque. Junto con su cliente, la terapeuta busca estrategias problemáticas, que pueden entonces ser convertidas en el foco de análisis funcional si y cuando aparezcan en la interacción terapéutica. Si el cliente, por ejemplo, guarda silencio o se vuelve beligerante, despectivo o seductor en una forma en la que se puede ver como ilustrativa de su problema, se puede convertir en el objeto de análisis funcional. ¿Cuál es el antecedente de este comportamiento aquí y ahora (A)? ¿Algo que la terapeuta dijo o hizo? ¿Qué, exactamente, hizo el cliente (B)? ¿Qué le siguió (O)?

Idealmente, hacer un análisis funcional como este con el cliente también nos lleva al segundo principio fundamental.

 

Ayudar al cliente a discernir sus propios pensamientos, emociones, y sensaciones físicas estableciendo una distancia observacional respecto a ellos cuando emergen

 

La inflexibilidad psicológica, como es vista desde RFT, constituye nuestra tendencia a interactuar con nuestras propias reacciones sin distinguirlas de nosotros como seres activos. Esta manera de interactuar con nosotros mismos no es problemática cuando se refiere a eventos individuales; los problemas surgen cuando se generaliza a múltiples, o individuales pero críticas, esferas de nuestras vidas, punto en el cual el patrón conductista puede obstruir la aplicación de otras estrategias más efectivas.

Desarrollar la habilidad de establecer una distancia observacional respecto a nuestras propias reacciones en situaciones cuando estas reacciones (lo que sentimos, pensamos, notamos, y recordamos) nos ponen en riesgo de desviarnos es absolutamente esencial para todo el trabajo con cambio psicológico, y es el núcleo del entrenamiento de flexibilidad psicológica.

 

De las áreas definidas más vagamente que he descrito al principio de este capítulo, hay algunas basadas más explícitamente en esta estrategia terapéutica. Trabajar con el pensamiento del cliente es una. Lo que pensamos, el sentido que asignamos a un evento, y lo que inferimos de algo es parte de nuestra propia reacción y por lo tanto el fenómeno que necesita discernimiento. Debe prestársele atención y ser distinguido como parte de mí, pero tampoco no como idéntico a mí como ser activo. Tengo que practicar mi habilidad para notar mi propia respuesta desde la perspectiva de lo que llamo “yo” y por lo tanto establecer una distancia observacional. Puedo pensar de una cierta manera y entonces escoger qué hacer a continuación. Lo mismo se aplica a lo que se llama procesamiento emocional. Observo que siento y noto y entonces escojo cómo voy a actuar; esto, más que reaccionar más o menos automáticamente a lo que sea que esté ocurriendo. Ya que algunas de estas reacciones emocionales espontáneas son aversivas y han sido el objeto de evitación, esta estrategia terapéutica también constituye exposición.

 

Lo que se practica específicamente en este trabajo ya ha tenido sus cimientos en el análisis funcional que he descrito arriba. En análisis funcional, como hemos visto, hay un elemento de observación, de notar qué “es este algo que pienso/siento/recuerdo”. Otra demostración del solapamiento de los principios de entrenamiento en flexibilidad psicológica es la actitud adoptada cuando se lidia con el contenido de pensamientos surgidos espontáneamente. Cómo el cliente percibe un evento es analíticamente importante para comprenderlo, pero el foco está no en si este pensamiento o reacción surgido espontáneamente es correcto o no. Está dirigido a lo que el cliente hace en esta situación, dado que piensa y siente justo en la forma en la que piensa y siente, y a cuáles son las consecuencias de esto (A-B-C!).

 

Ayudar al cliente a usar esta habilidad para clarificar qué es importante en su vida y qué serían pasos concretos en esa dirección

 

Al describir los problemas que pueden surgir en la interacción que tenemos con nuestros pensamientos y sentimientos, es fácil pasar por alto el hecho de que nuestra habilidad para interactuar con nuestras propias respuestas es esencialmente un recurso, y una herramienta vital para negociar nuestro ámbito externo. En este tercer principio terapéutico, la trabajabilidad está en el centro de atención. La habilidad para establecer una distancia observacional desde nuestras propias reacciones puede ser usada para dirigir nuestras acciones hacia aquello que es importante para nosotros (Gil-Luciano, Ruiz, Valdivia-Salas, & Suárez-Falcón, 2016). Es la ventaja decisiva obtenida de ser capaz de seguir instrucciones o reglas: podemos elevarnos sobre la gratificación inmediata y actuar en el interés de los fines de valor, o lo que sea que creemos que es importante a largo plazo. Para muchos clientes, esto se presenta más o menos automáticamente cuando han aprendido una nueva aproximación a sus respuestas que una vez les condujeron a estrategias conductuales problemáticas. Otros necesitan intervenciones más activas de la terapeuta antes de poder usar sus propios sentimientos y pensamientos para dirigir sus acciones hacia cosas que valoran.

 

Este principio terapéutico coloca el foco en la motivación. Si tú ya no te dejas ser inhibido o controlado por todo aquello que se despierta en ti, y, al contrario, notas todo esto y escoges tu dirección por ti mismo, ¿entonces qué es importante? Si lo que antes eran emociones controladoras ya no te tienen en sus garras, ¿dónde irás? ¿Qué pasos activos puedes dar ahora, que sean fieles a lo que juzgas importante, lo que valoras? Aquí se presentan problemas de proacción.

 

Esto también lleva a la exposición. Si el cliente da nuevos pasos, es probable que los fenómenos previamente evitados se presenten. Recuerdos, pensamientos, sentimientos, y sensaciones físicas que han tenido una función obstructiva se desencadenan una vez más, y el trabajo terapéutico recurre al principio precedente, de manera que el cliente debe encontrar y notar una vez más sus propias reacciones. Esto reconecta con el análisis funcional y la exploración de acción efectiva, dadas las reacciones que surgen. Si el cliente entonces hace nuevas cosas, encontrará nuevas consecuencias, por lo tanto, creando oportunidades para nuevo aprendizaje.

 

 

 

 

Traducción del capítulo de Tõrneke: 

Parte Dos: Las Metáforas como Herramientas Terapéuticas

 

Psicólogos en Salamanca

 

 

 

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    Verónica Mayado, Psicólogo Especialista en Psicología Clínica, CL-1215, NIF:11941219 X

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